“ Lo nuestro es un amor para la historia...”, dice románticamente una canción de Gilberto Santarrosa. Esto es justamente lo que se supone que piensan y sienten en la mayoría de los casos quienes van al altar llenos de amor e ilusiones intemporales. Por otra parte, aquellos que ya se han divorciado definen el matrimonio matemáticamente como “la suma de afectos, la resta de libertades, la multiplicación de responsabilidades y la división de bienes”.
La vida material y la emocional van de la mano. Es sabido que en las parejas casadas, de hecho o de derecho, en algún momento el dinero generará tensiones. Es uno de los temas de discusión más frecuentes en la pareja, y hoy, con demasiada frecuencia, la principal causa de divorcio en el mundo.
En el noviazgo, antes de casarse, es esencial plantear cuestiones importantes asociadas al dinero. Por ejemplo: ¿Conoce los puntajes de crédito de su futuro cónyuge, sus niveles de endeudamiento y la existencia de ahorros para emergencias? Ser responsable financieramente no siempre se relaciona con el amor hacia alguien.
Hay muchas preguntas básicas que las parejas pueden o deberían hacerse antes de casarse para sentar bases financieras sólidas en el matrimonio, tales como: ¿Qué piensan usted y su futuro cónyuge sobre el dinero?, ¿qué valor le dan?, ¿qué piensan acerca de su profesión y capacidad de generación de ingresos?, ¿cuáles son sus hábitos de gasto y ahorro?, ¿qué piensan sobre no endeudarse o administrar las deudas?, ¿cómo anda cada uno financieramente?
El amor, la madurez, la comunicación que genera confianza, además de cierta educación financiera y conocimientos básicos del Código de la Familia de Panamá son imprescindibles para evitar divorcios conflictivos e incluso “amistosos”.
Las consecuencias de un divorcio son sumamente dolorosas y afectan múltiples áreas de la vida de los involucrados. En casi todos los casos el divorcio significa un ajuste económico muy fuerte para ambos, pero principalmente para la mujer. Un divorcio reduce de manera significativa el nivel de vida de la mujer, al disminuir sus ingresos y aumentar sus gastos.
Esto se agrava si ella no tiene recursos propios, educación o un trabajo con un salario que le permita cierta seguridad, por no hablar de libertad financiera o si el ex no puede aportar mucho. Aunque ambos cónyuges trabajaran durante el matrimonio, es probable que la mayoría de los ingresos totales se destine a cubrir las cuentas. Después de un divorcio, los ingresos individuales deberán cubrir los mismos gastos que antes cubrían dos. Podríamos decir que un divorcio muchas veces acentúa la desigualdad de género. Desafortunadamente, sin presupuesto ni plan para priorizar gastos y ahorrar dinero es muy fácil que una madre o un padre soltero acumule deudas en su tarjeta de crédito para satisfacer necesidades cotidianas.
En un matrimonio la mujer debe aspirar a construir cierta seguridad financiera basada en cuentas de ahorro, inversiones, referencias de crédito e ingresos, pues nunca se sabe cómo puede devenir la relación. Se pierde la estabilidad y también puede haber pérdidas materiales, como la casa que habitaba la pareja o la familia. Además, la posición social también cambia. Una mujer que se acaba de divorciar debe sentarse a recapacitar acerca de cómo reorganizará su tiempo y su vida. Sea él o ella, antes, durante y después del divorcio es bueno tener un abogado, un asesor financiero y un terapeuta, y muy buenos amigos y familia que le apoyen. |